ABISMO





Nunca pensé volver a sentir que
estoy al borde de un abismo,
deseando que el tiempo me absorba
a esa arena infinita donde ya
no sepa nada más de mí.

Ni siquiera puedo mirar al cielo,
no podré volver a mirarlo;
con qué ojos podría hacerlo
si siento que lo he traicionado;
porque lo miraba a través de la
esperanza que deposité
en ese amor que sentía invencible.
Que no veía el amanecer
sin que me ilumine primero la luz de su sonrisa.
Que no despertaba sin antes encender
ese sueño de querer estar en su cada día.
Que mi único credo era sentir
su amor en mi alma
y mi único rezo era entregarle el mío.
Cómo mirar al cielo
si siento que ya no quiero
continuar en este mundo sin él a mi lado.
Y me siento la mujer más egoísta del mundo
y me invade una rabia por dentro,
porque aún sabiendo que lo debo dejar ir,
que no podré ser su felicidad plena,
que no soy lo que él necesita en su vida;
aún sabiendo todo eso…
me sigo aferrando a ese amor
que me habita por dentro.
Y es que lo quiero seguir viviendo,
porque sé que sin él,
en esta vida no hallaré nada
que mantenga esa ilusión
de querer volver a despertar. 

El triunfo del amor

El diablo, curioso fijó su mirada en esos amantes, veía que se juraban amor eterno más allá de esta vida y que sus almas se entrelazaban peligrosamente; sintió que esas almas las estaba ganando el cielo.

Entonces decidió buscar maneras para separarlos; seriamente preocupado, empezó a poner obstáculos para deshacer esa unión que amenazaba con triunfar y cruzar la frontera de la eternidad, pero ellos, todos esos obstáculos los superaban juntos, porque se fortalecían con la presencia de Dios que bendecía esa unión.

Debía hacer algo rápidamente, atacaba plantando pensamientos oscuros en cada una de sus mentes, pero el amor que se tenían, con dulzura los iluminaba y todas esas sombras se desvanecían. 

Observaría paciente hasta encontrar alguna debilidad donde poder atacar con la certeza de saber que la imperfección humana era su mejor aliada. 
Pensó que podría utilizar el mismo amor, en su contra, atacaría silenciosamente, y así fue. 
Aprovechó una discusión insignificante para manipularlos a su antojo —le estás haciendo daño, deberías alejarte para que pueda ser feliz— maquillaba eso en la mente de cada uno.
Y ellos con el temor de sentir el dolor de la persona que amaban, decidieron que era mejor estar separados, sin imaginar que era la muerte de cada uno. 
El diablo con una sonrisa de triunfo pensó que al fin cumpliría su cometido. 
Pero lo que no imaginó, era que, podría separar sus vidas por un tiempo, pero sus almas ya se pertenecían y estas traspasarían las vidas que sean necesarias hasta lograr estar juntos en ese destino que los dos decidieron llegar, sellando su pacto con la fuerza de su amor invencible.