Lágrimas ocultas.

  
Su hijo miraba sus ojos, con esa carita curiosa,– Estuviste llorando otra vez, mamita. Me duele el corazón verte así– le dijo. 

—No mi niño, estoy resfriada, pero todo está bien.

–Te sentí en la madrugada, tu llanto me despertó, ¿no te alcanza mi amor para que brote tu sonrisa? Yo siempre estaré contigo, no llores más.

Su madre conmovida lo abrazó muy fuerte ¿Cómo explicarle que se sentía incompleta y vacía, si tenía esa ternura que podía abrazar cuando el frío de la soledad la quiera atrapar? ¿Cómo decirle que se aferró al único amor que le daba vida y que éste le había soltado de la mano, dejándola a la deriva y sin salvación? ¿Cómo decirle que no tenía deseos de sonreír porque depositó todas sus sonrisas en una sola y que esa sonrisa ya no está? 
No lo haría, se callaría y escondería sus lágrimas donde él no la vea, no le rompería el corazón a ese ser que no entiende del amor complicado de los adultos, ni tampoco entiende que a veces el destino nos arrebata la felicidad cuando más felices nos sentíamos.

Y por ese pequeño, decidiría ser fuerte y secaría sus lágrimas como una vez ya lo hizo; aunque con ello secaba su corazón, porque sabía que seguiría sangrando por dentro así sonría por fuera. 

Nunca una máscara dolería más, que la que desde ese día empezó a lucir. 

Te espero


  

Te espero cuando la noche se haga día,

suspiros de esperanzas ya perdidas.

No creo que vengas

lo sé, sé que no vendrás.


Sé que la distancia te hiere,

sé que las noches son más frías,

sé que ya no estás.


Creo saber todo de ti.

Sé que el día de pronto se te hace noche:

sé que sueñas con mi amor,

pero no lo dices,

sé que soy un idiota al esperarte,

pues sé que no vendrás.


Te espero cuando miremos al cielo de noche:

tú allá,

yo aquí,

añorando aquellos días

en los que un beso marcó la despedida,

quizás por el resto de nuestras vidas.


Es triste hablar así.

Cuando el día se me hace de noche,

y la Luna oculta ese Sol tan radiante,

me siento sólo, lo sé;

nunca supe de nada tanto en mi vida,

sólo sé que me encuentro muy solo,

y que no estoy allí.


Mis disculpas por sentir así,

nunca mi intención ha sido ofenderte.

Nunca soñé con quererte,

ni con sentirme así.


Mi aire se acaba como agua en el desierto,

mi vida se acorta pues no te llevo dentro.

Mi esperanza de vivir eres tú,

y no estoy allí.

¿Por qué no estoy allí?,

te preguntarás…

¿Por qué no he tomado ese tren que me llevaría a ti?

Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí,

porque todas las noches me torturo pensando en ti.

¿Por qué no sólo me olvido de ti?

¿Por qué no vivo sólo así?

¿Por qué no sólo…? 


Mario Benedetti.