Dicen 

Dicen que uno no puede quedarse en un sentimiento por siempre cuando éste no puede realizarse y ni siquiera debió haber nacido; que debemos ventilar nuestros latidos haciéndolos que se paseen en nuevos corazones para seguir viviendo.

Dicen, que si un amor nació y creció, éste morirá si no es alimentado en presente y en presencia, por más sublime que sea, mucho más si surgió entre el caos de lo imposible.

Dicen, que no la podemos llamar vida si pasamos nuestra vida en función de otra; que si el amor duele, no es amor porque el amor debe llenar de sonrisas no de lágrimas.

Dicen… todo pueden decir; y tal vez todo eso que dicen esté lleno de verdad y razón.

Pero qué puedo decir, si yo sólo escucho lo que aclama con fuerza mi corazón, ese sentir intenso, inquebrantable y permanente que me llena desde que tú me habitas.

Porque todo lo establecido como regla en el mundo, para mí dejó de ser cierto.

Que éste amor se abrió camino en un lugar y momento insospechado, que todo logró ser posible por el simple hecho que nos permitimos que así sea.

Y aquí estoy, sin escuchar a nadie más que a éste corazón que te pertenece y sabe que no puede haber lugar más cierto y sublime que latir en tu pecho.

Y que no importa las lágrimas, dolor y muerte, si ya fui vida en tu vida, sonrisa en tus labios y alma en tu alma.

Sí, y me quedo, así el mundo, el cielo o el universo mismo me digan lo contrario.

Porque en realidad tu amor no me dio alas, me dió raíces… de esas que perduran más allá del tiempo.